Explícame sino por qué tras decirme "adiós" siempre llamas.
Y bien, ¿qué esperabas?
Sabes que hoy también diré que sí,
pero por la mañana
ya habrás olvidado lo que anoche
dijiste en la cama.
Y el invierno entrará de golpe
otra vez en mi casa
y la risa se irá
en cuanto te abroches la falda.
Y no, no se trata de esperar otro milagro
dándonos una semana,
no es cuestión de reavivar el fuego
con leña mojada.
Sabes que las buenas intenciones
no harán que mañana
despierten tus zapatos
a los pies de mi cama.
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